Cuatro Poesías de Fermin Reche.

“Hay derrotas que tienen más dignidad que una victoria” Jorge Luis Borges

Fermín Reche Moreno nació en Almería donde transcurrió su infancia. Curso estudios de Filología Románica en la Universidad de Granada y Filología Francesa en la Universidad de la Laguna. Actualmente Militar de carrera en situación de retiro y ha alternado esta profesión con la de docente. Autor del Libro de poesías “Evocación de la Infancia” ha tenido la amabilidad de cedernos 4 poesía para este blog: “Los hijos de la mar” , “Mi primera infancia”, “Cuando se”, “Joulu”

Las poesías de Fermín se componen de diez cuartetos, donde el cuarteto es una estrofa poética de arte mayor con once o más sílabas por verso compuesto de cuatro versos de rima consonántica que riman ABBA .

Pero afortunadamente aquí no termina la relación con Fermin. En estos meses de confinamiento, un día me llamó y dijo; tengo una nueva poesía en relación con todos los difuntos de nuestra edad presa de la pandemia y de la incompetencia. Pues aquí tenéis una poesía maravillosa y triste.

Los hijos de la mar

Forma parte de atávico linaje

-parco en palabras, grave de semblante,

por lo soles curtido de levante-

ese hombre que, armado de coraje,

 

arranca de su seno al mar latino,

con aparejos y artes ancestrales,

su sustento, entre negros temporales,

o en aguas en bonanza azul marino.

 

Devoto de su hogar, vive en un mundo

de casas blancas, de la mar vigías:

temida mar de los aciagos días,

pródiga mar del faenar fecundo…

 

Toscamente tallada su figura,

en pervivir compendia toda ciencia:

una mar insondable es su experiencia:

¿para qué más bagaje de cultura?

 

Al rigor de los mares resignado,

día a día, se juega su destino,

como avienta en la era el campesino

el santo cereal recolectado.

 

Y si el mar a la barca desarbola,

cual frágil cascarón, su fe le alienta

a rezar una salve en la tormenta,

que, tenebrosa, arrecia de ola en ola.

 

Con el torso inclinado en la explanada,,

amojamado, al recoser el arte,

se mostrará conforme con la parte

que el armador le tiene estipulada.

 

Pues no ambiciona -¡rara sutileza!-

el acopio de bienes materiales:

sólo en tiempo atesora sus caudales,

porque el tiempo es caudal de su riqueza.

 

Y al terminar su faenar pesquero,

comparte en la taberna su alegría,

canturreando alguna bulería

de la tierra, de tema marinero…

 

*  *  *  *  *

¡Honor a estos hombres esforzados,

que navegan, abriendo derroteros,

en busca de lejanos caladeros,

en traíñas y en bacas enrolados!…

Primera Infancia

En el pueblo de Albox

 

Hasta donde me alcanza la memoria,

mi infancia, en un rincón de Andalucía,

pasó volando, de la alfarería

a la ermita, y es parte de la historia

 

de unos niños corriendo entre piteras

y olivos, esquilmando los frutales,

jugando a ala pelota en los bancales,

o el barro modelando en las aceras.

 

En mi recuerdo un mapa de España,

pupitres con plumillas y tinteros,

y pulcros escolares con baberos,

absortos en alguna musaraña.

 

-Una honrada instrucción sentimental

instiló en nuestras almas su humanismo

y, en el fuego de un vivo cristianismo,

un amor acendrado a lo rural-.

 

Tras la abierta ventana de la escuela,

por monótono coro sosegada,

guardias civiles, grave la mirada,

cruzaban a caballo la plazuela.

 

De paso hacia las cumbres de la sierra,

sus marciales pertrechos y fusiles

pasmaban las pupilas infantiles:

sin restañar la herida de la guerra…

 

De mañana guardando las higueras,

cuando el buen tiempo abría los balcones,

y anidaban en viejos caserones

las golondrinas, místicas viajeras.

 

Y en las tardes radiantes de verano,

nuestras sandalias ágiles, de goma,

volaban por El Pueblo y por La Loma,

tras el carro de helado valenciano.

 

Cuando el sol abrasaba los secanos,

de noche, iba el cántaro a buscar

agua fresca a los caños del pilar,

cuyo fondo agitaban con las manos

 

los niños, persiguiendo gusarapos

y larvas de una fauna prodigiosa,

que habitaba en el agua cenagosa,

vecina de luciérnagas y sapos.

 

En la parva mullida de las eras,

recreando, a la luz de las estrellas,

retazos mágicos de historias bellas,

y ensoñando, felices, mil quimeras…

 

…Otras veces, jugando a marineros,

los pequeños seguían la corriente

de algún claro regato, acequia o fuente,

timoneando, alegres, sus veleros…

 

El final, anunciaba el membrillero,

con su fruto dorado, del verano.

Comenzaba la escuela: un inhumano

tiempo de enciclopedia y de babero…

 

-Bajaba el viento frío de la sierra.

En la plaza otoñal un limosnero

enhebraba su triste romancero

de tragedias rurales y de guerra-…

 

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Pueblo de Albox

 

Cuando sean la 8

A las inocentes víctimas de esta cruel pandemia.

 

Cuando sean las ocho, desde un balcón del cielo,

del cuenco de mis manos haré llegar un beso

a tantos corazones que, por deseo expreso,

se enfrentan a la muerte, con entusiasta anhelo.

 

¡Ángeles de la vida! que, en el confinamiento,

custodian a su pueblo, y en los hospitales,

con primoroso celo y manos maternales,

nos llevan de la mano hasta el postrer aliento.

 

En tanto que a la rueca la hebra estuvo unida,

entre sueños y lágrimas, la existencia fue bella,

mas hoy mi fe me anuncia que viajo hacia una estrella

que brilla con destellos de eterna Luz de Vida.

 

La cita con la Parca pensaba muy lejana,

jugando con mis nietos, compartiendo su infancia,

la muerte la veía a lustros de distancia…

Mas llamó a mi puerta una aciaga mañana.

 

Asustado, le dije que no era el momento:

en desorden mis notas, tareas incompletas,

y algún viaje pendiente al sol de mis placetas…

¡Y los niños anhelan que les cuente otro cuento!…

 

-No se cancelan citas ni se estudian ofertas.

-¡La familia precisa de mi humilde sustento!

le rogué, angustiado, e ignoró mi lamento.

Con su guadaña al hombro, enfilaba otras puertas…

 

Sin detener el paso y con la voz cascada:

-Yo no atiendo a razones ni a cuestiones morales,

mi trabajo se funda en principios fatales,

y tan sólo preciso mi guadaña afilada…

 

Jamás tuve en la mente partir de esta manera:

sin beso y sin adiós. Mis reliquias mortales

serán un simple número o frías iniciales.

Sin un regazo amado ni familia a mi vera…

 

Al interiorizar mi eterno destino,

preparando mi alma, me conforta el consuelo

de ver a mi familia, algún día, en el cielo.

Cristianamente acepto el designio divino.

 

A Tus plantas postrado, Te suplico clemencia.

Bendice a mi Patria que, al recordarla, lloro.

Morir como español es mi mayor tesoro.

¡Anhelo, Padre Mío, estar en Tu presencia!

 

En el último poema, el autor intenta aproximarse en este próximo poema a la naturaleza de Finlandia en Navidad. Observa el nevado paisaje detrás de los cristales de la casa, y como si de un cuadro paisajístico se tratara, se sirve de las palabras, como haría un pintor con los pinceles, para recrear el paisaje.

El poema se construye sobre diez serventesios, siendo el serventesio una estrofa de arte mayor, de versos endecasílabos en este caso, y de rima consonante. En cada uno de estos diez serventesios introduce un elemento para la composición del cuadro: los bosques boreales, las ardillas y pájaros, los niños y sus perros, los faroles de hielo de las casas…

Joulu (Navidad)

 

Con la luz de la tarde en los cristales

de esta casa ubicada en el Gran Norte,

hoy contemplo los bosques boreales

de abedules y pinos de alto porte

 

dibujarse en la gélida neblina

de una nieve ligera, que no ceja,

y que oculta, cual mágica cortina,

las blandas huellas en la nieve vieja…

 

Forma el hielo en los techos inclinados

y en los bosques del Ártico, desnudos,

primorosas labores de bordados,

y se funde en carámbanos agudos…

 

Semeja el lago, en el glacial desierto,

un oasis latente bajo el suelo,

un oasis que ensueña estar abierto

a la luz y a la vida en el deshielo…

 

Acopian provisiones las ardillas

para los crudos meses invernales,

y rebuscan los pájaros semillas

en las últimas bayas otoñales…

 

Alguna chimenea en el camino,

difumina en el cielo de la tarde,

la columna de humo blanquecino

del seco leño que en el fuego arde…

 

Los niños, con sus perros en la nieve

se entretienen dichosos, pues la vida

les dona, en esta etapa pura y breve,

lo mejor de la tierra prometida…

 

Con su halo de luz blanco azulado,

colgada de la copa de un abeto,

la luna alumbra un bosque desolado

y fantasmal, cual gélido esqueleto.

 

Los faroles de hielo, a la puerta

de las casas, preservan encendida

-en esta soledad nevada y yerta-

una llama de afable bienvenida…

 

Borra la noche las azules horas

del crepúsculo, y la inmensidad

del Norte ensueña plácidas auroras

de amor universal… Es Navidad…

 

rechefermin@hotmail.com

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